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La tristeza casi derrumba del caballo a nuestro apuesto escolta.No somos nada. |
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Autoridades compungidas,miradas extraviadas...sotanas alicaídas y alirremangadas...la vida nos golpea a placer... |
| Apretujados en torno a nuestro bienamado prelado como queriendo y no pudiendo... |
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Nuestros duros militares apenas semejan gatitos tristones...hasta la pistola de nuestro ertzaina anda blanda caramba! |
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Las eminencias escoltando a nuestro maestro de ceremonias empequeñecido por la solemnidad del momento. |
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Un primer plano que nos da idea de hasta que punto nos oprime la vida en este valle de lágrimas. |
| Expléndido y profundo miserere que pone en un puño los estómagos de los presentes. |
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Se rumia la desesperación ambiental.El clero hiératico e imperturbable se dispone a comenzar la ceremonia fúnebre. |
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La espiritualidad andante lleva en volandas los restos estropajosos de nuestro Barrihuelo. |
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Nuestros hermanos de la orden del santo cirio trasladando el lúgubre féretro hasta su última morada. |
| Las tinieblas abren paso a la silenciosa comitiva. |
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Explendorosa la guardia de honor,haciendo gala de su habitual gallardía y colorido. |
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Los monaguillos ponen la nota simpática a la tragedia que flota en el ambiente. |
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Nuestro célebre prelado Antoine de Narravette,mano derecha y brazo ejecutor de SS,se suma al dolor de las turbas. |
| "Miserere nobis". Así de espaldas,al menos no percibimos la enorme tristeza de nuestro oficiantes. |
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Va a empezar el sermón de Monseñor William Ayfamus,que nos aliviará de tanta pesadumbre en estas horas amargas. |
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Monseñores y presbìteros de distinto pelaje hacen gala de santa paciencia en espera del comienzo de la ceremonia. |
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La mirada de nuestro escolta lo dice todo.Hasta el plumaje del imponente gorro se deja caer fofo y desgarbado. |
| La mirada en la lejanía y la cabeza...¿dónde estará la cabeza de este apesadumbrado escolta? |
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La espera se hace eterna.Y eterno cada momento.Pero la paciencia de nuestro clero es infinita. |
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Las palabras de monseñor William Ayfamus derrama consuelo a chorros sobre los afligidos corazones. |
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Los semblantes de las autoridades se dejan llevar por el verbo fogoso de nuestro orador mitrado. |