SIGILIT Y MILMIRADAS SIGUEN A HEROÍNA G.

En cuanto Heroína G. echó a andar, Fox buscó a Milmiradas.
__Humanipasos tenebrosidonde pisaypisaypisa. Memoricasayaquí.
Milmiradas tocó a Sigilit. Saltaron la valla enana y, esquivando un bosque de piernas peludas, llegaron en un santiamén a la altura de Heroína G, procurando pasar tan desapercibidos como fuera posible.
Milmiradas no era un habitante genuino del chalecillo; es decir, no había nacido allí sino en otro chalecillo que colgaba de la falda norte de la sierra Helada vapuleado por los vientos marinos que acostumbraban a vagar por allí.
Convivía con cuatro perros de presa, dos gatos con pedigrí de postín y con un papagayo que era un borde y un pelma. A pesar de ser un milrazas, Milmiradas ( Michuchi para la señora de la casa y dueña del maldito papagayo, ) era tratado en pie de igualdad con los mininos de ancora que, a pesar de ser copartícipes de raza, se odiaban sin estridencias dignas de mención.
Hasta que un día los cuatro perros le acorralaron al pie de una fuente que tenía un surtidor asmático, y logró salvar el pellejo gracias a la decisión suicida de arrojarse a la fea cara del que parecía más furioso y atizarle dos certeros zarpazos, uno en cada ojo, que lo dejó para la jubilación anticipada. Loco de terror, saltó sin saber cómo el altísimo seto del jardín y salió como un cohete hacia lo desconocido.
Cuando paró, además de un gato asustado era un gato desorientado y herido en el lomo por algo que se llevó por delante sin saber cuándo ni dónde. Vagó por los campos sin osar aventurarse por las calles hasta que el hambre empezó a roerle las tripas. Caía la tarde y la brisa del mar llegaba en compañía de aromas de pollo asado, de frintangas intensas y de pestecillas asardinadas que le pusieron el corazón en un puño y las tripas en un aprieto.
Rozando paredes y sombras, esquivando ágilmente coches , motos y bípedos ambulantes, logró entrar en un callejón flanqueado por dos setos densos donde acechó unos instantes. Entrevió un pequeño pasadizo. Se adentró en él y se dio de narices con un inmenso jardín atestado de gatos que se aplicaban en comer con la parsimonia del que nada en la abundancia. Nadie reparó en él. Nadie le dio la bienvenida. Nadie le disputó la comida que empezó a devorar implacablemente.
Por eso y por mucho más, Milmiradas siempre llevó consigo la aureola de gato de mundo y enseguida llevó el peso de las expediciones que se llevaban a cabo en el control de las comunidades vecinas de gatos, generalmente al mando de grupos de jovenzuelos atolondrados en los que procuraba imponer inútilmente una especie de disciplina de circunstancias.
Tras la partida de Milmiradas y Sigilit, todos cayeron sobre si mismos. El sentimiento de pérdida era tan intenso que todos sintieron como si un ejército de ideas negativas hubiese asaltado el jardín y lo hubiese arrasado. Un ejército capitaneado por la soledad, que pasó escupiendo tristeza y desamparo bajo una tormenta de silencio y un diluvio de lágrimas preñadas de lucecillas efímeras, y los dejó aplastados por la pesadumbre, asfixiados por la impotencia, desarmados por un sol ya derrotado que corría a esconderse tras las cimas de Aitana.
Ausentes del mundo real, ignorando las exquisiteces que las señoronas de corazón de flan de huevo ofrecían vehementemente, ajenos al rumor del paseo marítimo, con el mar olvidado y el cielo desaparecido, uno a uno, con lentitud no calculada, se levantaron vacilantes y echaron a andar midiendo cada paso, sin osar levantar la mirada hacia un mundo hostil y despiadado.
Sin planearlo, como si una fuerza convergente les empujase hacia un centro matemáticamente inexistente, todos y cada uno se encaminaron hacia un gigantesco ficus a cuyos pies parecía dormitar un gato algo destartalado que parecía ajeno al momento angustioso que se vivía.
Todos y cada uno, todos le rodearon. Sin que se oyera el más mínimo roce se sentaron esperando el despertar de Erbil, el más sabio entre los sabios.
Tras una eternidad de medio instante Erbil abrió los ojos y recorrió con su mirada legañosa todas y cada una de las caras. Vio y comprendió. Volvió a cerrar los ojos.
__Juntogatos todosmirandome. Piensoduda. Rompesilencio.
__Tuentusueños. Tunoestando.Piedrolluvia de cielomalo. Arrojoniños botesypalosycajasypiedras.Tenebrosherido caidoensueño. Gordhumana Tenborsaltodentrorrobado. Lejosido trascasasycasasycasas.
__ ¿Sabidocashumana trascasasycasas?
__ Sabidosí similmiradasabidodevuelta.
__ Similmiradassabido casaid
__¿Acasatodos?¿Acasacuantos?
__Aquigatosalligatos.