CAPÍTULO N DE CIERTA NIVELA QUE SE VA ESCRIBIENDO A DURAS PENAS
La cafetería Las Damas
cuyo origen en Benidorm se perdía en la prehistoria del desarrollismo
franquista,
además de unos platos combinados más que aceptables y un servicio
eficaz y experimentado, ofrecía una terraza agradable en la que concurrían
trayectos, brisas, vistas, colores, hambres y "sedes".
Su terraza siempre rebosaba de comensales y bebensales. Gente de toda nacionalidad,
edad y condición se aplicaban en dar al cuerpo lo que es del cuerpo,
entre un concierto de golpecillos de tenedor contra plato, plato contra plato,
plato contra vaso, vaso contra mesa, botella contra vaso y, en cierta mesa,
tenedor contra vaso y
copa contra el suelo, lo que provocó un estrépito
inoportuno y ciento ocho cristalillos que los abnegados camareros se apresuraron
a recoger. Tras el estrépito cristalino, el estruendo sordo de un sonoro
bofetón hizo enmudecer a los expectantes comensales, provocando en muchos
de ellos furibundas miradas de reprobación dirigidas a una especie de
padre inhumano que acababa de maltratar a un pobre niño que se ahogaba
en lágrimas y estaba rojo de vergüenza.
El silencio fue rompiéndose poco a poco con chasquidos casuales, roces
apagados, tintineos y conversaciones a media voz. En la mesa del bofetón,
mamá fulminaba a papá con sus grandes ojos grises, papá
fulminaba al niño abofeteado, y el niño abofeteado fulminaba a
la hamburguesa con patatas fritas del día, (hecho realmente insólito
en el ambiente de la restauración enfocada a alimentar manadas de turistas.)
El otro niño no fulminaba a nadie con su mirada; solo sonreía.
Cuando toda lágrima se hubo evaporado, y una vez que los sonidos selváticos
recuperaron su normalidad, y del incidente no quedaba más que una mejilla
atomatada y un vaso baratillo hecho trizas, papá aún seguía
cejijunto agrio y agresivamente pensativo.
--Durante el resto de las vacaciones no volveréis a ver la televisión
¡Estáis castigados!
--¡Pero papá, yo no he hecho nada!
--¡¡Cállate!!
Fue un casi grito comedido, suficientemente potente como para imponerse a la
tropa, y suficientemente apagado como para que los que le fulminaron por infanticida
no pudieran percibirlo en toda su magnitud.
--¡Arsenio, por Dios! ¡No les castigas a ellos! ¡Me castigas
a mí!-Fue un "mí" intenso, atiborrado de énfasis,
repleto de reproche, acusadoramente victimista.
Y es que los gemelos, los hermanos gemelos, los idénticos gemelos Cristian
y Yónatan, (cortesía de la cursilería vigente,) no eran
unos niños fáciles.
La mamá de los gemelos fue feliz hasta que un médico con poco
tacto y un pelín irónico le notificó con voz dulzona que
iba a tener gemelos; dicho esto, propició una pausa prolongada y divertida
para espetarle sin compasión: "La felicito de todo corazón."
Entretanto el mundo se derrumbaba alrededor de mamá que estaba empezando
a entrever las nefastas consecuencias del evento.
A partir de aquí, y a base de toneladas de yoga, de meditaciones (pesadillas)
transcendentales y de autocontrol inducido a 72 euros la miserable hora, pudo
llegar al parto en unas aceptables condiciones físicas, y en condiciones
mentales de pronóstico reservado.
El primer lloriqueo de quién sabe qué gemelo, ( los dos eran desesperantemente
idénticos,) fue el pistoletazo de salida de una vida atestada de sobresaltos,
trabajos titánicos, confusiones esquizofrénicas, y, en definitiva,
de un no vivir en una especie de cuerda floja permanente.
Mamá enseguida averiguó que había una fórmula matemático-familiar
fiable e infalible:
NIÑOS - TELE = PELIGRO ( PERSONAS + COSAS CARAS)
Para establecer unos resultados aceptables desde el punto de vista de la paz
social, había que multiplicar los dos miembros del primer término
por la magnitud "CADENA GORDA" la cual, pasada al segundo término
como denominador, pudiera disminuir su valor hasta límites digeribles.
Así que
CADENA GORDA ( NIÑOS - TELE) = PELIGRO (PERSONAS + COSAS CARAS)
Y pasando
NIÑOS - TELE =( PELIGRO (PERSONAS + COSAS CARAS)) / CADENA GORDA
De modo que, dando valores, en tanto que CADENA GORDA tiende a infinito , el
valor NIÑOS - TELE tiende a cero, siempre que la cadena se mantenga lo
suficientemente gorda.
Y si NIÑOS - TELE = 0 entonces, por lógica, PELIGRO ( PERSONAS
+ COSAS) = 0.
Con lo cual nos quedamos sin niños (estupendo,) sin tele (mejor que mejor,)
y sin peligro. ¿Qué más se le puede pedir a la ciencia?
Y es que lo que la realidad a duras penas soporta, las matemáticas lo
resuelven sin despeinarse.
Mamá sabía eso; y también sabía que a pesar de brillantes
soluciones matemáticas, la realidad rácana, fría e intransigente
imponía su ley.
--Si te crees que voy a estar de policía mientras tú -intenso--
te tocas las narices --enésimo reproche-te equivocas. Los mando a la
calle y que hagan lo que quieran.
--Me da lo mismo!-
y definitivo
-- ¡Yo he venido a descansar!
-- ¿Y a qué crees que he venido yo?
Entonces sucedió.
En los tres siguientes milisegundos, un gato que se buscaba la vida, de los
dos o tres que pululaban por Las Damas casi de continuo pasó bajo la
mesa de los gemelos con un hermoso rabo tan erecto que rozó suavemente
las nalgas de mamá provocando un desgarrador ¡AAAAAAAAAAAAAAHH!
alarido seguido de una compulsiva y violenta retiraba hacia atrás que
la hizo caer de espaldas sobre un pobre gato que se preguntaba angustiado qué
es lo que estaba pasando, lo cual dio lugar a un ¡MARRAMIAU! desgarrador,
que puso a todo el restaurante en vilo. Dos gatos más pasaron como flechas
contra el seto del jardín contiguo.
Mamá, lívida y palpitante, era soportada por su amante esposo
y por un solícito camarero que no dudó en echar una mano.
--
en plan moribundo--¡Me ha rozado
!--
y más fuerte
--¡Me
ha rozado!!!
--No entiendo - le espetó papá al camarero-cómo permiten
que esos bichos anden "así" por aquí.
--Lo siento -mentira-pero esos gatos no son nuestros. -Mentira.-vienen por aquí
--Eso era verdad.
Los curiosos se agolpaban. "¿Hay que llamar a la policía?"
preguntó uno que se acababa de comprar un móvil.
--Lo que pasa, -- llegó otro camarero para recomponer el escenario y
limpiar un poco,-- es que los extranjeros les dan comida a los gatos y
claro
pasa lo que pasa. -Concluyó elocuentemente.
--Yo hace tiempo que les hubiera "dau" matarile. - Sentenció
el camarero que había echado una mano.