Amigos besugos,compañeros pingüinos,público hereje en general:
No hace mucho tiempo que por dos gominolas verdosas se podía conseguir cinco baberos carnívoros y una repatata graduada en la "COLIFLOR UNIVERSITY".Y es que los limoneros pegajosos no estarían relamiéndose de asco,si las caperucitas rosas hubiesen instigado insistentemente a los boquerones sifilíticos para que estos participaran en los desfiles cansinos programados sin ton ni son por las fraudulentas bellotas detonantes.Evidentemente,sin pulgas acongojadas no hay posibilidad de que los trapicheos vespertinos puedan acoger con sorna musical a las vilipendiadas maracas chilenas,sobre todo si son de plástico.
Porque podríamos estar horas y horas especulando sobre la melancolía de los tarros de mermelada cuando son acosados por las patatas fritas domesticadas,y a la vez podríamos embadurnar con natillas mallorquinas un aterrador ejército de gusanos de escayola,para llegar a la conclusión de que por mucho que las tuercas se enrollen con los tornillos, si alguien no le da vueltas, no hay nada que hacer.
Comprendo que ,llegados a este punto, ustedes podrían objetar: "Los caramelos de azufre, cuando son devorados por las fauces grasientas de ciertos bípedos viscosos, no siempre provocan el glorioso resurgir de sus verrugas celestiales. "Pero tengan ustedes en cuenta que los baberos carnívoros antes mencionados, no aplicaron la condescendencia fantasmagórica hasta que las cucarachas mercenarias embarcaron hacia la guerra del Peloponeso para, una vez allí, peinar a las bombillas huérfanas de acuerdo con la moda siberiana. Según las borrosas observaciones de las arañas bizcas sutilmente disfrazadas de merengues trigonométricos, el plan de las tiritas cansas era desatar ciertos barullos sinfónicos no exentos de devastadores aromas.
Y he aquí la paradoja coja de las aburridas vacas pirenáicas, enunciada sin pudor alguno por Doña Fulana Variopinta y Repelente, de los Repelente de Villahormiga.
Pero ciñéndonos al tema, no podemos pasar por alto que los arroces patosos informan muy deficientemente a las tortugas piadosas acerca de las ruidosas idas y venidas de los disquetes pretenciosos venidos a menos.A menos que las farolas resultonas, los potitos de estropajo y el riquísimo pastel de ladrillo de Valladolid, puedan llegar a aliviar las carcajeantes penas que afectan a las tragedias agrícolas.
Para terminar,sólo queda por establecer los dos principios finales:
Primero;Si las sartenes respingonas no son capaces de sugerir la pasión demoledora que sienten sus mangos rigurosos,es a causa de la simplicidad insolente que emana de las castañuelas tartamudas.
Segundo:Todo desfile glorioso resulta insignificante si las cucarachas blindadas confunden el paso de la oca con el paso de la rana.
Gracias por su atención.
Profesor:....... ¿Cómo me llamo?