Señoras, señores, señoris, señoros, señorus:
No hace mucho tiempo, las vacas de madera podían opinar como no se había opinado nunca acerca de los asuntos opinaculosos mas opinablemente opinables.
Gracias a ello las jirafas antárticas, esas desconocidas, pueden emplear sus campos de mermelada de espátula hambrienta en atentar contra los fofos tresillos comodones impidiéndoles cantar sus requiescantimpacesamen.
Pero seamos serios.¿Acaso las zapatillas disolutas pueden pensar que las veletas sordas de ciertos tejados angustiados venidos a menos, tienen algo que ver con el desembarco furibundo de las espinacas corsarias en las playas de Andorra?
O, si me apuran, ¿no sería posible que las bandas de relojes carnívoros alentadas por la pasión incontrolada de las sanguijuelas melancólicas, se echaran al monte para enfundarse de una vez por todas los perifollos inalámbricos que, aparte de vagabundear por las alcobas huérfanas, apenas son capaces de escopetear los apagones postizos para dotarles de escupitajos acuosos y de estrecheces gaseosas.
Y si alguien piensa que las bandurrias esquizofrénicas aportan sus murmullos gangosos a las muchedumbres incontrolables de sofás jubilados, que no lo piense. Y si lo hace, allá él.
Pero que tenga en cuenta que si los percebes universitarios aún no han descubierto si las cobardes habichuelas deslenguadas prefieren domar patitos fieros, o rescatar a las maracas euscaldunes de sus contradicciones más dicharacheras, es porque las tajadas griposas de cerdo tibetano, aún no han conseguido inflar de efluvios intangibles sus fofeces lujuriosas y sus memeces incongruentes.
Así que, dejemos, al menos de momento, que los bolígrafos bizcos planteen sus dudas razonables a los tangas vaporosos.
Tiempo habrá de recochinear las legítimas pretensiones de los tocinos desacreditados, por otra parte intolerables.
Todo lo dicho anteriormente no tendría relevancia si los ladrillos huérfanos, con esa alegría zumbona que los caracteriza no intimidasen a las vedetes casposas.
De ahí que los cacahuetes difusos, sin dejar de ser lo que son,se fumen las farolas alcahuetas sin que ni las pancetas danzarinas ni los preludios toscos puedan evitarlo, por más que, como dice el refrán, " con traseras de armario añejo, se adoban zapatos para zumbar los pellejos" .Sabias palabras estas.
Pero si las pipas insolentes apuestan hasta la extenuación por las pulcras escobas precolombinas, no será incumbencia de los cepillos tartamudos el que las ilusiones deslizantes de las hormigoneras clarividentes arrebaten a los tropiezos vaspertinos todo su esquinado encanto, toda su accidentada belleza, todos y cada uno de sus esculturales granos.
Por la tanto, y para no cansarles, les diré que, si bien las carcajadas mañaneras no nos permiten contemplar la palidez mantecosa de las avellanas preñadas, es porque las calculadoras proletarias se pasan el día olisqueando a los tomates pueblerinos, que van de castizos por la vida, y a todo lo que aspiran es a pulir los caretos tortuosos de las ninfas anglosajonas. ¿ Alguna pregunta?