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Lecho pobre, pobre ajuar,
pared blanca, suelo frío,
que ni baja a popular
ni se encumbra en señorío.
Allí estaba nuestro hermano
entre maltrecho y vencido,
atisbándonos con ojos
luminosos y tranquilos.
En un rincón un paraguas,
de viejo, descolorido;
la txapela, las abarcas,
de caramelos su hatillo,
el pantalón de mil rayas
y un blusón negro y raído.
Llamados a su presencia
diligentes acudimos
don Carlos Ruiz de Vergara,
con alba blanca vestido,
Su Eminencia el Cardenal
don José Nieto "Pepito",
este humilde servidor
y fray Pechadas Jacinto.
Y para que allí quedara
constancia de lo ocurrido
deseó se personaran
al instante tres testigos:
Doña Luci "La Pochola",
su buen amigo Rufino
y Don Rafael Uribe
juez de paz del municipio.
Extinguíase la llama
entre congoja y suspiros
cobrando vida en su mente
momentos aquí vividos:
el reencuentro con su gente,
el chupinazo, el bullicio;
la procesión de la Virgen,
el fervor de los vecinos;
los pasacalles, las dianas,
las verbenas, el torico;
degustaciones y encierros,
la partidita de bingo;
el destello fascinante
de los fuegos de artificio;
el día de los mayores,
¡cómo no el día del niño!,
y el striptease de una titi,
también, ¿por qué no decirlo?
Después de aquestas palabras
alzando la voz nos dijo:
"Antes que la horrenda parca
me arrulle en sus brazos fríos,
tengo anécdotas vividas,
andanzas y sucedidos
que estimo a bien relatar
a modo de chascarrillo.
Me presento el día nueve
en el restaurante Txisco
con la grata compañía
de un par de buenos amigos:
son Fernando Salamero
y José Antonio Merino.
Sentados en una mesa
nos pregunta el susodicho:
-"¿Qué tomarán los señores?
-Vamos a tomar tres tintos.
-¿Deseáis para papear
tomar un aperitivo?
-¿Y que hay? le dice Fernando
sin ocultar su apetito.
-"Tengo queso de Idiazábal,
tengo gambas al ajillo,
o bien cazuela de callos,
si preferís langostinos
Pero sin duda pedir",
nos sugiere don Francisco,
-"una de pulpo a la brava
¡un auténtico prodigio!
-Pues venga, vayan marchando
tres tapitas de pulpito".
De inmediato allí tenemos
sobre el mostrador los vinos
y pasados tres minutos,
tal vez cuatro, acaso cinco,
tres cazoletas de pulpo
nadando en caldo rojizo.
El Dor que coge un pedazo
del molusco comedizo
y al metérselo a la boca
un molar se le hace añicos;
y es que amigos, hay que ver
lo duro que está el jodido.
Mas como este es un cachondo
y tiene un humor muy fino,
con sarcasmo le pregunta
a mi buen amigo Txisko:
-"¿Cómo coño se consigue
que esté tan tierno este bicho?
-Palizas y más palizas
con tabla, palo o martillo
antes de ir a la cazuela
recibe el animalito.
-¿Pues sabes lo que yo pienso?
le increpa el farmacéutico:
-que al que yo me estoy comiendo
ni siquiera le has reñido.
Llegando al final que estoy
de este relato festivo
habréis seguro notado,
os habréis apercibido
que no saco a colación
los cohetes consabidos.
Porque son tres años, tres,
tres años consecutivos
de tanta queja y lamento,
tanto ruego desoído,
de tanta plática estéril,
de tanto sermón baldío.
Y como yo me barrunto
que el combate está perdido,
que mi compadre Botanas
no se da por aludido,
hoy, y aquí, solemnemente,
solemnemente le digo:
¡¡¡Haz con todos tus cohetes
lo que te salga del pijo!!!
Aunque al hilo de este asunto,
y es de justicia decirlo,
sí hubo alguien que se quejó,
mas falseó su nombre el tío
y por Amador Fernández
se hizo pasar el muy listo.
Yo que a Amador le conozco
y sé que ese no es su estilo,
delante de este mi pueblo
quítole ese sambenito
tan malvado como absurdo,
tan injusto e inmerecido
que tengo a bien demostrar
con un ejemplo sencillo.
Y es que a esas horas, las diez,
instante exacto y preciso
que si nadie lo remedia
da comienzo el estropicio,
nuestro amigo está de vuelta
tras haberse recorrido
" La Campanilla, Los Campos,
San Pelayo, Verdecillo,
Valduengo, El Gallo, Las Lombas,
Romaneda, Velasquillo,
Zarralahorca, Los Losares,
El Cuento y El Espurillo".
Por tanto, sea quien fuere
quien dio semejante aviso,
además de ser capullo
el fulano se ha lucido.
Y ahora amigos, acercaos,
con voz roída nos dijo,
pues habréis de ser vosotros
de mi legado testigos,
un legado de deseos,
de emociones, de caprichos,
que en este postrero trance
humildemente les pido:
- A Don Roberto
Castaños:
cruasán de mayor tamaño.
- A Pablito el de la Caja:
intereses a la baja.
- Para el Banco de Bilbao:
un prestamito apañao.
- Para Isaac Mari Majuelo:
que nos deje algo de suelo.
- A Canal, sepulturero:
treinta años al paro obrero.
- Para Roberto y bordada:
roja, amarilla y morada.
- Al roña del secretario:
ciento y un cheques bancarios.
- Para Botanas le pido:
unos cohetes sin ruido.
- A Anchoa sólo
un deseo:
a la baja el redondeo.
- Para el juez don Rafa
Uribe:
una nena del Caribe.
- Y otra a Rafita Larrea,
me da igual de donde sea.
- A Guillermo se le endosa
menos champú, cualquier cosa.
- Para Chivo, si me escucha:
una cartilla en la Kutxa.
- Para Luisa y Maribel:
dos gachós, a poder ser.
- A don Tomás un
reproche:
que no corra con el coche.
- Alto, guapo y rico,
en breve,
un novio para la Seve.
- Para Pepín, por
si acaso:
pilas para el marcapasos.
- A Rabanera, si me oye;
que en el médico no se enrolle.
- Y paciencia y mucho
aguante
si es Juanjo quien va delante.
- Para Jacinto no hay
pena
si está la cartera llena.
- A la gente bien nacida:
lo que quiera, lo que pida.
- Y al borde, al necio
y al chulo:
que le den mucho por
saco.
Después de tales palabras
quedó en silencio, tendido,
tan acongojado y yerto
que no se advierte latido;
y en el corcel de la muerte
puesto ya un pie en el estribo,
apagáronse sus ojos
luminosos y tranquilos.
Guillermo Bauza Valdelana.
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